En la cultura anglo el viernes trece es el día de la mala suerte. Hace pocas semanas hubo un martes trece nada más y nada menos que es el equivalente pavoso en nuestra cultura; sin ser supersticioso no olvidaré hoy que "de que vuelan, vuelan".
Eso es parte de lo que somos. Precisamente de cultura es que trataré de hablar en este texto, pues cada vez me convenzo más de concretar esta idea y presentar mi modelo de lo que debe ser una institución para la promoción de la cultura de Nuestramérica. Ya veré cómo es recibida.
En diciembre escribí un poco aquí sobre el tema, pero mi verdad es que vengo dándole vueltas a eso desde al menos el 2005. Recuerdo que una vez en el Spanish Club de Sydney tuve una reunión con un asesor del Consejero de Educación de la Embajada de España en Australia para mostrarle lo que había hecho. Creo que mantuvo la risa, pero al final le pareció que aquella semilla de Hispanic Cultural Foundation que yo había inventado para impulsar lo nuestro en Australia era lo que se suponía que hacía el Instituto Cervantes y como para entonces teóricamente estaba por abrir (aunque no fue sino hasta el 2009 cuando Isidoro lo inauguró con la pintura aún fresca), decidí engavetarlo. Desde entonces no he dejado de aprender, de seguir al IC a donde vaya (Londres, Istanbul, Paris, Sydney, Sofia, etc) e incluso colaboro con ellos dando mis clases. Hay mucho por aprender de allí.
El mes que acaba de pasar también esbocé este logo para ir cerniendo las ideas y el concepto visual; un mapa geopolítico de los países hispanoamericanos: Nuestramérica.

Envié emailes a la Directora del Instituto Cervantes y al Presidente de Chile a ver si estaban interesados en lo que planteaba. Creo que mi formato no fue adecuado, pues a estas alturas no he tenido, y supongo que no tendré, respuestas. Luego le escribí también al Ministerio de Cultura de España a ver si algo me responden. En Venezuela le escribí al viceministro de Ciencia, Innovación y Tecnología y al de Relaciones Exteriores, pero todavía no ha sido posible. Todo es lento.
Por ello, me concentraré en presentar un bosquejo de lo que tengo en mente y hacerlo público para luego presentar ese físico impreso. De ahí que prepararé un texto para finales de este mes sintetizando la idea: un Centro Cultural Nuestramérica cohesionador que dé sentido y apoyo a las necesidades de las misiones de los países hispanoamericanos en las ciudades más relevantes para los intereses latinoamericanos. No es un secreto que cada país tiene y debe tener una particular e individual forma para ejercer su política exterior, pero además de eso, la experiencia es amplia en ejemplos que demuestran que los asuntos culturales en muchas ocasiones no pueden realizarse o no se adaptan a las necesidades diplómaticas, comerciales y/o de cooperación que se llevan a cabo en el país, siempre controladas por las Cancillerías de cada Nación. Por lo tanto, la intención de CCN también será promocionar "la marca" que nos hace ser lo que somos: nuestras manifestaciones culturales.
CON ESTO EL INSTITUTO CERVANTES SERÁ OTRO
Recordar la sabiduría popular de aquella frase que dice "cuando veas las barbas de tu vecino arder, pon las tuyas en remojo" es hacer cultura. Ese tipo de cosas son realmente las que nos unen, las que nos llevan a compartir y despertar esos detalles comunes que nos particularizan y nos hacen ser lo que somos. Eso es precisamente lo que el Instituto Cervantes en sus más de veinte años de funciones no ha podido consolidar. Sin ánimos de hacer ninguna crítica, para nadie es un secreto que el principal desempeño que cumplen los IC en el exterior los convierten principalmente en centros de enseñanza de español como lengua extranjera. De los cien millones de euros anuales que manejan de presupuesto para gestionar las casi ochenta sedes a nivel mundial, el auge por el aprendizaje de lengua española es producto de ese tipo de instituciones y políticas. En realidad los españoles tienen siglos enseñándonos su lengua. Es esa también nuestra historia, pero enfocándonos en los últimos cincuenta años, décadas antes de que existiese el Instituto Cervantes, ya existían las aulas que enseñaban la lengua madre a los hijos y nietos de los emigrantes, también programas de intercambio y envío de profesores para enseñar español en diferentes destinos. Por eso pretender hacer algo sin considerar los precedentes y experiencias de los españoles es una tremenda tontería. En México, Argentina, Colombia, Venezuela, etc. han habido algunas propuestas de enseñanza y promoción de lo nuestro también muy interesantes. La idea con todo esto es intercambiar. Nutrirse y trascender. Hacer sinergia. España es clave para impulsar esta propuesta, pero la diferencia es necesaria hacerla. El intercambio sincero aporta beneficios duales.
El Centro Cultural Nuestramérica será el equivalente al Goethe Institute alemán o la Alianza Francesa o el Instituto Cervantes, pero con foco en nosotros; las lenguas y las culturas de los diecinueve países que comparten esta lengua oficialmente en el continente americano. La tradición impone que este tipo de instituciones son manejadas como brazos culturales de los servicios de asuntos exteriores de los países modelos, valga decir, Alemania, Francia, Italia, España, pero si algo llama la atención en este momento es la disposición que existe, por ejemplo, en España porque el Instituto Cervantes fortalecezca precisamente eso que no ha hecho muy bien: la promoción cultural. Dicen que existe la posibilidad de que el IC pase a ser controlado no por el Ministerio de Asuntos Exteriores como hasta ahora ha sido, sino por el Ministerio de Cultura ya que es allí, con toda lógica, donde abundan los especialistas de promoción cultural. Está claro que el próximo director tendrá en sus manos la labor de redefinir un Instituto Cervantes fallo de cultura, pero lo cierto es que mientras continúa la actual directora Caffarell hay mucho por terminar y asuntos importantes a lo que estar atento para saber cómo es que hará el gobierno de España para modificar las normas fundacionales que adscriben al IC a la Cancillería y no a Cultura. Sea Rafael Rodríguez-Ponga o César Antonio Molina el próximo director del Instituto Cervantes la verdad es que hay que ver cómo es que se va a volcarse a Nuestramérica. No dudo de que así será, solo espero que haya verdaderos hispanoamericanistas y no peninsulares detrás de lo que corresponda a lo nuestro.
La cultura hispana es lo que es gracias al renacer americano. No sólo Ruben Dario o Andrés Bello o José Martí son personajes decisivos en esta cuestión cultural. Los Nóbeles Mistral, García Márquez, Vargas Llosa, entre otros no pueden ser ignorados por quien intente conocer nuestras letras. La sensibilidad a la historia es un asunto pendiente y la cultura, desde mi perspectiva, es el modo idóneo para ejecutar esas reivindicaciones. Este punto es algo también sensible a la política actual de unión regional de Nuestramérica. ¿Cuándo no ha sido así? Escuchar el discurso de cualquier líder hispanoamericano es darse cuenta de que la búsqueda de una identidad propia es algo que está consolidándose en estos momentos. Como ha dicho Chomsky es la verdadera independencia.
Para administrar una troika cultural-económica-diplómatica representativa de los países que coordine y gerencie es parte de la idea que propongo. Estos detalles los explicaré mejor en el texto a publicar. La CELAC podría ser nodriza-mecenas del Centro Cultural Nuestramérica y si se logra establecer el espacio de contribución y disposición mutua entre los diecinueve países no hay duda de que habrá interesantes intercambios sinergizados en pro de catapultarnos a nosotros mismos.
No sigo por ahora. A ligar los dedos hoy trece y a tratar de no casarse, ni separarse de la casa, ni embarcarse a ningún lado, ni pasar por debajo de una escalera, ni romper un vidrio, ni ver a un gato negro; otherwise mala leche por 13 o 7 años consecutivos. ¿Quién sabe como es la vaina? ¡Paso y gano!, como se dice jugando dominó.